Colección de maquetas construídas por Antonio Lara Villodres

La Farola de Málaga

Joaquín María de Pery y Guzmán nació a principios de agosto de 1766 en La Coruña. Su padre, Mariano de Pery, fue coronel de los Reales Ejércitos y su madre, Josefa Guzmán, dama perteneciente a una antigua familia vinculada al Santo Oficio de la Inquisición. Siendo muy joven ingresó en el ejército de S.M. en el Regimiento de Milán, donde logró el grado de subteniente de navío.
Contrajo matrimonio con Rita Torres Fier en Málaga, en 1788. Al fallecer su esposa, once años más tarde, tomó nuevas nupcias con Catalina Ravé y Armero, natural de Sevilla, con la que tuvo a Cecilio y a Juan María[1], siendo por aquellos días miembro del Cuerpo de Ingenieros de la Armada, donde cumplió diferentes destinos, entre ellos, el de Málaga en 1790. Al año siguiente, se ocupó de las obras y proyectos del muelle y recinto urbano. Unos años más tarde, siendo capitán de fragata, estalló la Guerra de Independencia, y durante la ocupación francesa de Málaga, Joaquín María mantuvo serena y a la vez activa su beligerancia contra el invasor.
 

En 1816 fue ascendido a capitán de navío, rigiendo por aquellos días el puesto de ingeniero jefe de las obras del Puerto de Málaga. Posteriormente el rey Fernando VII le confirmó en el cargo de ingeniero director. Unos años después, es destinado al arsenal de La Carraca (Cádiz), en el cual, efectuó una labor meritoria, dada las circunstancias por las que pasaba dicho recinto militar, y por la misma, fue ascendido a comandante general. Tras un periodo de máxima eficacia en el desempeño de aquel destino, en 1825 fue ascendido a brigadier de la Marina y obtuvo el distintivo de Caballero de la Orden de San Hermenegildo. Cuatro años después, recibió del Rey una nueva distinción, la de Caballero de la Real y Militar Orden de San Luís. En 1833 fue destinado a Málaga para llevar la dirección del Real Colegio de San Telmo, así como de las obras que se llevaban a cabo en nuestro Puerto. Tres años más tarde, falleció el emérito militar e ingeniero, constructor de nuestra Farola.
La maqueta que se muestra ha sido realizada y donada a la Autoridad portuaria del Puerto de Málaga por don José Emilio Sánchez de Pedro Lázaro.


[1] Cecilio y Manuel María Pery Ravé ingresaron en la Real Compañía de Guardias Marinas

Grúa portuaria

Málaga, a lo largo de sus muchos siglos de historia, fue uno de los puntos más importantes de conexión entre la Península y sus posesiones africanas. Los embarques de tropa y pertrechos de todo tipo, en ocasiones, procedentes de toda la geografía española, bajaban al litoral malagueño con el cometido de embarcarse y cruzar las aguas unas veces para abastecer a dichas ciudades y otras, para defenderla.
 

Para este volumen de hombres y material militar, el Puerto de Málaga fue dotado de diferentes tipos de grúas para este cometido. El modelo que presentamos de grúa, construida en madera, fue extraída de la documentación del histórico Archivo General de Simancas y, según algunos historiadores, fue usada para los embarques y desembarques de piezas de artillería en puertos como el de Málaga hasta el siglo XIX.

 

El morro de Levante del Puerto de Málaga

José Valcárcer del Castillo nació en Galapagar (Madrid) el 22 de enero de 1846. Hijo de Aniceto Valcárcel Yebra y Petra del Castillo Ortiz. Cursó sus estudios en su ciudad natal y, más tarde, la carrera en la Escuela de Ingenieros de Caminos de la capital del reino, sita en la calle del Turco, finalizándolos en 1870.
Entre los diversos destinos que ocupó, cabe resaltar el de Málaga, donde, como ingeniero director del Puerto y vocal de la Junta de obras del mismo, ejecutó, dentro del plan de mejoras y ampliación que habían diseñado el ingeniero sevillano Rafael Yagüe Buil del Puerto de Málaga en 1876, un proyecto de reformas de los morros de los diques de abrigo de Levante y Poniente, como consecuencia de los graves deterioros sufridos, en marzo de 1894, por un fuerte temporal. El proyecto fue presentado a la superioridad el 16 de marzo de 1892, con un coste de 107.585,42 pesetas. El 7 de septiembre de 1892 y el 5 de noviembre del siguiente año, fueron aprobados respectivamente los proyectos de modificación de los morros y de los diques, así como de la reforma de los muelles de atraque, presentados por la Junta de obras del Puerto a la Dirección General. 

 
Por aquellas fechas, también el ingeniero director Valcárcel proyectó un colector para que recogiera los desagües de aguas fecales de la ciudad que daban al Puerto, y trazó su desvío hacia el delta del río Guadalmedina.
Junto a otros ingenieros intervino en el plan de ensanche y ampliación del Puerto, con lo que se posibilitaron grandes espacios para la ciudad de Málaga, gracias a una ley promulgada por el gobierno de Madrid a propuesta de Antonio Cánovas del Castillo. En ellos, poco tiempo después, se alzó un bello y original parque, orgullo de todos los malagueños. 



José Valcárcel cultivo la poesía. Su obra más conocida fue Oda al hierro, con la que concursó y obtuvo el primer premio en el certamen de poesía que patrocinó el Ateneo sevillano el 30 de abril de 1889. Contrajo matrimonio con doña María Teresa Iñiguez Garrido, con la que tuvo una numerosa familia. El insigne ingeniero madrileño, diseñador del morro o puntal de Levante y Poniente del puerto de Málaga, falleció en Málaga en 1929, y fue enterrado en el cementerio de San Miguel de esta ciudad.

Grúa de jaula medieval en el Puerto de Málaga en el siglo XVI

El Puerto de Málaga, a lo largo de cientos de años, ha sido fuente de historias y curiosidades. Y hago mención de ello por lo siguiente: un día, admirando la genial lámina con el grabado de la vista de la ciudad de Málaga, obra ejecutada en 1572 por el grabador de planchas J. Hoefnagle, coautor con Franz Braum de la colección de vistas panorámicas de Europa denominada Civitates orbis terrarum, pude observar que en uno de los puntales del primigenio Puerto que se mostraba en dicha estampa, sobresalía un elemento algo extraño. Miré con más detenimiento y alcancé a identificar que dicho dispositivo era una grúa de jaula o también denominada, de sangre.
Los autores, al parecer, desearon aportar a la imagen portuaria del mayor realismo posible, dotándole de uno de sus más relevantes elementos, la grúa. Y es notable su casi invisibilidad, debido a su pequeñísimo tamaño, sólo observable por medio de lentes de aumento.


 
Sin embargo, el dibujante flamenco Antón Van den Wijingaerde, conocido por Antonio de las Viñas, que al igual que el mencionado Hoefnagle, popularizó con su maestría e ingenio una vista de Málaga, no alcanzó a mostrar este original detalle portuario de la grúa. 
La grúa medieval, construida en madera, estaba situada sobre una plataforma, la cual, se componía por un eje horizontal de lado a lado, en el que iba, en uno de los extremos, una jaula o cajón redondo, donde un individuo o dos se introducían y con su esfuerzo al andar por la misma ejercerían la tracción. Al otro extremo, un torno, en el cual, iría la cuerda enrollándose con el movimiento. Este eje iba sostenido por dos robustos puentes. Desde el pie de la plataforma, salía la pluma, igualmente de madera, de la que colgaría la carga.
Estas grúas, aunque rudimentarias, efectuaron su labor con gran acierto a lo largo del tiempo en el que estuvieron en uso. Poco a poco, fueron sustituidas por otras más polivalentes.

Los faros colgantes del Puerto de Málaga

El faro de Alejandría, levantado en época de Tolomeo, por la mano del artista Sóstrates de Cnido, considerado como una de las siete maravillas del mundo, o la torre del cabo Sigeo, construida en el s. IX a. J.C., a la entrada del Helesponto, fueron erigidos para llevar la luz a los navegantes que se adentraban en aquellos puertos de la antigüedad. Como podemos ver, antaño existía una gran preocupación por evitar los numerosísimos accidentes que los navíos, sobre todo al caer la noche, sufrían contra las rocas y escolleras que defendían las entradas a los puertos. 
Uno de nuestro más celebres cronistas malagueños, Narciso Díaz de Escovar, señala en sus crónicas, que junto al muro de Espartería y cercana a la Puerta del Mar, los frailes Mínimos, en el siglo XVI, levantaron una capilla en la que se dio culto a la virgen que los pescadores, llamaron del Mar. Oratorio que estaba alumbrado por un farol que a la vez servía a los navegantes como punto de referencia. Quizás sea esta una de las pocas noticias conocidas sobre el alumbrado de la zona portuaria en esa época. 
El Puerto de Málaga cuenta en su larga historia con algunos proyectos de linternas o faroles provisionales, en el siglo XVIII sobre todo, en época de los Borbones. La gran mayoría quedó en proyectos custodiados en viejos y polvorientos archivos. Las obras de prolongación del muelle viejo de Levante del Puerto de Málaga, contaron siempre con falta de presupuestos de las arcas reales, lo que supuso décadas de paro y olvido. Pero ello no impidió que numerosísimos navíos se adentraran en él. Sin embargo, sí corrían un grave riesgo de naufragar, como consecuencia de la falta de una luz suficiente que les proporcionara la orientación adecuada y un atraque feliz. 
Según se conoce, algunos de los ingenieros militares que trabajaron en las obras del Puerto, en sus proyectos sobre el mismo, contemplaban dicho problema, como era el colocar en el puntal del muelle, según iban avanzando las obras, una linterna provisional. Entre ellos, Jorge Próspero Verboom, ingeniero jefe y excelente militar, protegido del marqués de Bedma, quien a su venida a Málaga en 1722, mandó al ingeniero Juan de la Ferriére el diseño y construcción de una artesanal grúa de madera que sostendría en su parte superior o pluma, un fanal para alumbrar, alimentado con aceite. Esta estructura sería desmontada y desplazada, dependiendo del avance de las obras del espigón de levante.

Igualmente es conocido otro proyecto de linterna provisional, propuesto para erigirlo en el mismo lugar, en 1724, del cual, mostramos una imágen de la maqueta, localizada en el Archivo General de Simancas. Al igual que el modelo anteriormente descrito, de estructura simple, consistente en una plataforma en madera en la que se alzaban dos mástiles paralelos, a modo de carriles, del que pendía una linterna. Para su carga de aceite, la linterna era bajada mediante un torno a mano y cuerdas. El fanal estaba protegido por una caseta con techos y parede de madera, alcanzando una altura aproximada de unos ocho metros. Es posible que su estructura fuera también desmontable.

 
Al finalizar las obras de aquel muelle viejo de Levante, se presentaron diversos proyectos de farola con estructura de cantería, dotadas de varias plantas, ideados por tres prestigiosos ingenieros militares Galdón, Verboom, Martín Zermeño. Pero, al parecer, fueron rechazados por no adecuarse a las necesidades del lugar y, sobre todo, a la falta de presupuesto.
Otra de los cometidos que cumplían dichos faros o linternas, a mediados del siglo XVIII, era la de fijar las distancias de los puntos del antepuerto, alejados de la bocana de los dos puntales, levante y poniente.
Los avances tecnológicos del siglo XIX hicieron posible el abandono de estas obsoletas estructuras, para dar paso a faros más modernos y de mayor funcionalidad. Este fue el caso de nuestra Farola, orgullo y distintivo de todos los malagueños, cuyo diseño fue ejecutado por el ingeniero de la Armada, Joaquín María de Pery, el 30 de mayo de 1817.