Colección de maquetas construídas por Antonio Lara Villodres

Capilla del Puerto de Málaga

También conocida como capilla de la Virgen del Mar o de Ntra. Sra. de la Purísima Concepción, fue un oratorio dedicado al culto por la gente del mar.  Proyectado por el ingeniero militar y jefe de las obras del Puerto, Juan de la Ferriére y Valentín, y finalizado por el ingeniero director Pedro Coisevaux, a instancias del gobernador civil y militar de Málaga, el mariscal de campo de los Reales Ejércitos de S.M. don Jerónimo de Solis y Gante, bajo la supervisión técnica de Jorge Próspero Verboom, marqués del mismo nombre, ingeniero jefe y director general de todas las obras del Reino.
El proyecto de la capilla fue finalizado e inaugurado en 1732, cuando la misma fue abierta al culto.  Dicho oratorio se alzó en la plaza del muelle viejo de Levante, a espaldas del castillo de San Felipe.
A lo largo de sus casi trescientos años de existencia, la capilla del Puerto sufrió diversos traslados de su original emplazamiento, a causa de las continuas ampliaciones del Puerto de Málaga.



Lombarda con cureña

Lombarda ligera con cureña de madera y refuerzos de hierro.  Llevaba un sistema rudimentario para elevar su tiro.  Estas piezas fueron usadas por los ejércitos inglés y francés.  Igualmente, las tropas cristianas las utilizaron en los asedios a ciudades ocupadas por los musulmanes.  Esta pieza de la artillería antigua, de los siglos XIV y XV, estaba forjada en hierro y era cargada por la boca con pólvora negra.  Estos antiguos ingenios disparaban bolas esféricas de hierro llamadas pellas, y también bolas de piedra denominadas bolaños.
Con la aparición de nuevas técnicas de fundición, fueron poco a poco abandonadas por otras más ligeras, eficaces y fáciles de fabricar.


Batería naval del siglo XVIII

Batería naval de un buque de línea español del siglo XVIII.  Estas piezas de artillería se hallaban situadas en los laterales y a lo largo de los distintos puentes o cubiertas de que disponía el buque; incluso los hubo construidos de tres puentes y de 114 cañones.  Con este temible armamento, el buque de guerra de la Marina Real Española era considerado un potente enemigo a batir.
Estas piezas, fundidas en hierro colado, estaban montadas sobre soportes denominados afustes o cureñas, elaborados en madera y con ruedas.  Se hallaban sujetas a su emplazamiento mediante aparejos compuestos de recias cuerdas y motones, que servían principalmente para aguantar el retroceso tras el disparo.
El cañón naval de a 24 libras medía unos tres metros de largo y un peso de 2268 kilos.  La carga del proyectil, o bala esférica, se efectuaba por la parte delantera del cañón o boca y su disparo podía alcanzar los 3000 metros de distancia.
El servicio de la batería era llevado a cabo por un grupo de hombres cualificados para los distintos cometidos, y su número dependía de la situación bélica del momento.  Para ello usaban una serie de utensilios o herramientas, como por ejemplo: el atacador, la esponja, el cepillo, el rascador o el botafuego.  Igualmente, los artilleros usaban el agua contenida en varios cubos de madera para refrescar el cañón tras varios disparos.
Tanto las baterías de a 24 como la de a 36 libras fueron de las más usadas por la Marina Real Española.  Su empleo fue gradualmente abandonado debido principalmente a los avances tecnológicos y matemáticos experimentados a lo largo de este siglo XVIII.



La Torre de Fonseca

Torre de época almohade, situada en los arrabales del Perchel, junto al convento de San Andrés de los Carmelitas descalzos, que tomó dicho nombre debido a que al pie de la misma se levantó el campamento de las tropas de Antonio de Fonseca, natural de Toro, contador mayor, caballero de Santiago, alcaide de Ronda y capitán de las tropas que acompañaron a los Reyes Católicos en la conquista de la ciudad de Málaga en 1487.
La Torre de Fonseca, por su altura y tipo constructivo, fue durante muchos años punto de referencia de los límites a poniente de la ciudad malagueña.
A lo largo de siglos, fue usada para varios cometidos militares, incluso lo fue como hospital durante una de las primeras epidemias que azotaron Málaga tras ser conquistada. Igualmente, desde su atalaya, la Torre de Fonseca contempló el crecimiento de un castizo e histórico barrio, el del Perchel.
Con el paso del tiempo, el deterioro de esta torre defensiva fue tal que las autoridades municipales ordenaron su total derribo el 27 de mayo de 1870.



Pontona marina con grúa

Este tipo de plataforma flotante solía estar construida en madera, de forma rectangular, fondo plano y poco calado.  En un extremo de la misma se situaba la grúa, basada en una enorme uve invertida con tirantes, sostenida por cables de acero y cuerdas.  En  el otro extremo, una caseta de madera, donde se alojaba el generador y cabrestante a vapor o gasoil usado para elevar o bajar, mediante una sólida cadena de hierro, pesadas piedras u otras cargas.  La Junta de Obras del Puerto de Málaga adquirió para el servicio dos pontonas a principios del siglo XX.
Estas barcazas flotantes marinas tuvieron un papel esencial en las innumerables obras que se llevaron a cabo en nuestro Puerto, a lo largo del siglo XIX y principios del XX. Sobre todo, en la construcción de sus muelles y escolleras que protegían los espigones de los mismos.
Los avances científicos y técnicos experimentados a lo largo de aquellos años, dieron pie a que estos pontones flotantes quedaran obsoletos en sus funciones, por lo que fueron poco a poco retirados de las aguas del Puerto de Málaga.